jueves, agosto 31, 2006

Se lee pero no se toca

(Tinta fresca)

Érase una vez una sección del estudio del Sr. Chow que se llamaba la ojeoteca. Esta sección era muy interesante y cultural, pues en ella se podían leer fragmentos de libros. Cada cita de la ojeoteca sólo constaba de un par de párrafos, nunca su breve lectura destripaba puntos clave y, ni mucho menos, jamás se publicaba con ánimo de lucro o con la sucia intención de apropiarse de la obra... por eso, siempre estaba indicada la fuente. En resumen, la ojeoteca consistía en interesar a otro posible lector y de hacerlo partícipe de un pensamiento o sentimiento por compartir.
Sin embargo, un día, la ojeoteca desapareció del estudio del Sr. Chow. Y, aunque nadie preguntó qué pasó con esa sección, se prevee que se notó su desaparición (dejó de aparecer su nombre en la columna derecha y los fragmentos de El camino de los ingleses y La senda del perdedor se borraron misteriosamente). ¿Por qué?


Debí haberlo explicado en su momento, pero no sé porqué, al final no lo hice. Se olvidó y punto. Mejor, ya que, inducido por un aviso, mi hermano Atreyu lo ha denunciado con el ímpetu y el desconcierto que merece.

La difusión de la cultura y la libertad de intercambio de conocimientos… Nos encanta pronunciar esas palabras, nos recreamos en ellas, fuente inagotable del vivir con saber.
Pero, por si alguien no lo sabía, a cierto sector
no le gusta demasiado que la gente escriba ojeotecas...

Entra en el siguiente enlace de Sin nombre, un blog si quieres saber de una puñetera vez a qué me refiero.

Algunos estamos hasta los mismísimos...

miércoles, agosto 30, 2006

Los cinco menos un sentidos

(Desvaríos noctambulares)

Desde hace unos días, el ojo derecho se me irrita y se pone acuoso, como un pequeño estanque de mar rojizo. Es molesto, incluso veo un par de diminutas bolitas y ya pienso que me puedo quedar ciego. No puedo evitarlo, soy muy aprehensivo y enseguida imagino desenlaces trágicos. El otro día me raspé la rodilla jugando al voley playa (me pilló justo en la articulación, por eso pica tanto al contraer ciertos movimientos y supura), también pensé en alguna atrocidad. Lo suelo hacer, quizás tenga una enfermiza obsesión hacia la autodestrucción.

Eso del ojo y quedarme ciego me ha recordado a una manía personal bastante idiota que a veces me viene a la cabeza. Es esta: si tuviera que perder uno de los cinco sentidos, ¿cuál soportaría mejor su pérdida? Entonces, en plan método de Stalisnavsky, me lo creo, me meto en el papel de lleno y estudio mis cinco sentidos. Uno por uno.

La vista no, imposible, la pierdo y me muero: no podré ver más cine, más luz, más noches, más paisajes, más gente, más mujeres…

¡El oído es primordial! ¿Una vida condenada al silencio? No puede ser, sin escuchar música, el sonido de las películas, del mundo, la voz de las gentes, las mujeres…

El tacto me dolería mucho perderlo: adiós al sentir del contrapeso de las teclas del piano, no más auto masajes de pie, no más contactos con mujeres…

En cuanto al gusto, no soy muy aficionado a la comida, la gastronomía no me interesa demasiado. Eso no quiere decir que no disfrute comiendo. Por eso, siempre pienso que mi sentido del gusto está especialmente pensado para otros menesteres. Una vida sin poder degustar debe de ser muy sosa.

El olfato es el sentido al que menos importancia he prestado. Hay veces que huelo cosas que los demás dicen que no huelen y otras que no logro oler lo que mis acompañantes certifican. Además, soy de los que les gusta el olor a gasolina. Si me condenaran, preferiría dejar de oler que no poder ver, escuchar, palpar y degustar. Atisbar ciertos olores otorga placer, claro; y tampoco podría oler el aroma de cierta persona, pero qué se le va a hacer. Además, con el gusto, podría recordar mentalmente los olores.
Sin embargo, ahora que estoy leyendo El perfume de Patrick Süskind, estoy aprendiendo a valorar notablemente el sentido olfativo. Como el protagonista, Jean Baptiste Grenouille, a mí también se me vienen ciertas fragancias guardadas en el interior, como a todo el mundo, supongo. Tengo escasísimas fragancias recopiladas, eso sí, en comparación con el genio Grenouille y su divina nariz que acapara y recompone fragancias, pero qué demonios, me gustaría experimentar más.

No puedo perder ninguno de mis sentidos. El caso es que, después de distraerme con semejante tontería, retorno al asunto de mi miope e irritado ojo derecho. ¿Por qué está así? ¿Radiaciones del ordenador? No, salgo mucho y, aun al aire libre se me vuelve a irritar. A lo mejor, considerando el caso desde mi perspectiva ilusoria y mágica: posiblemente la tristeza se ha ido agrupando en el pobre glóbulo y por eso está así...

Casualmente, toca revisión ocular. Así que, si me pregunta el oftalmólogo por alguna posible razón, podría responder: "¡Se me acumuló la tristeza en el ojo! ¿Qué puede hacer contra eso? ¿Me quedaré ciego? Y, por cierto: ¿cuál de los cinco sentidos perdería usted?".

viernes, agosto 25, 2006

Un hilo de voz de miles de kilómetros

(Tinta fresca)

Hoy pensaba publicar otra cosa. Un hecho reciente justifica con creces posponer lo pensado, ahora mismo, ipso facto. Y lo ocurrido, precisamente, me ha hecho pensar sobre vosotros. Sí, sobre ustedes: tú que lees esto, aquel o aquella que suele comentar.
Seré sincero: tan importante como los contenidos que escribo y que se muestran en vuestras pantallas es la relación de comunicación con vosotros, queridos lectores y comentaristas. Y no es palabrería. Este es un estudio que no tiene, ni de lejos, mil visitas al día (al menos de momento…); por eso, las contadas personas de la red que pasan el umbral y se molestan en dejar una nota son, por consiguiente, un factor primordial a la hora de continuar con renovado entusiasmo la rutinaria tarea de mantener un blog. De ahí, conocer a estas personas, más que un placer, es una necesidad personal y blogueril.
Últimamente, los encuentros con estos lectores empezaban a producirse. En la entrada anterior se pudo leer que conocí a Elendaewen. Días atrás, a punto estuve de encontrarme con Terminus y Sabejal (cuestión de tiempo). Y, al igual que con estos, mantengo contacto con otros lectores.

Pero, ¿qué hecho reciente, como he indicado al comienzo, motiva esta nueva entrada con alarmante nivel de peloteo? No, no es que sea el aniversario del blog, tampoco se cumplen los 1000 comentarios (no los cuento, ni idea), ni las 10.000 visitas, ni las 100.000 entradas... No, no se trata de nada eso.
Estaba atareado, ayer noche, porque el ordenador se volvió rebelde (nada, que a la maquinita le da por inventarse nuevos problemas cada vez que arreglo uno); cuando, de repente, alguien llama al teléfono móvil, un número interminable que no cabe en la pantalla del celular. Suena varios segundos, dudo, y procedo a responder:
- ¿Con quién hablo? -pregunta una voz lejana con dudoso acento.
- Pues… con… Carlos. ¿Y usted quién es?
- Oye, dime: ¿a quién le has pasado tu número últimamente?
Yo, agobiado porque el ordenador no encendía, pensé que la mujer, encima de equivocarse, me quería culpar a mí de su desliz telefónico. ¡Lo que faltaba! Mi interlocutora volvió a preguntarme la curiosa frase. Un momento, empecé a caer en la cuenta… sí que pasé recientemente mi número de teléfono a cierta persona: a Insanity.

Para quien no lo sepa, Insanity es una encantadora latinoamericana, bien conocida por un amplio sector de blogueros (a quienes tiene congregados en su propio blog). Desde los comienzos de Cantautores mudos, Insanity ha seguido el transcurso de este estudio, apoyando a este humilde responsable con sus motivadores comentarios. Por eso, la llamada de Insanity es un detalle muy preciado.

Descubierta la sorpresa reaccioné un poco idiotizado, con cierta vergüenza, pero muy emocionado. Me hablaba Insanity a miles de kilómetros. Enseguida, reconocí su musical acento latino. “¿Dónde estás, qué tal, qué hora es allí?”. Era Insanity, advertí su modo de construir sus frases y el valioso efecto que siempre tienen. En verdad, poco hablamos sobre nosotros mismos, la conversación fue un continuo devenir de agradecimientos y halagos para cada uno, palabras que ya necesitaban decirse fuera de una pantalla de luz.

Insanity, con su voz, supera la dulzura escrita con la que nos tiene acostumbrados.
Es curioso cómo en esa llamada telefónica el mundo me pareció más pequeño, una llamada desde Uruguay hasta el sur de España, con un océano por medio. Poco pude decir, ya la avisé: me explico mejor escribiendo que hablando. Pero qué grato escucharla, es encantadora, uno sonríe al recordarlo. Me hizo sentirme muchísimo mejor, anima, reconforta su hálito. ¡Cómo debe de ser en persona!
La próxima vez intentaré decir más cosas, procuraré controlar el efusivo nerviosismo. Menos mal que tengo esta plantilla oscura donde ocultar la cara de idiota sonrojada.

Muchas gracias, In.

Y a todos vosotros: queridos lectores, comentaristas y amigos, mis más sinceros agradecimientos por leer este estudio. Que ya era hora de que lo soltara por primera vez con su debida entrada, qué poca vergüenza, Sr. Chow.



Editado dos días después:

Y siguen los encuentros: ayer me prepararon una encerrona para conocer a Terminus. Pero qué hombre tan majo, menudo señor de la juerga, ¡qué pedazo de buena pesona! Un placer, Mr. Guinness.



La ilustración es una de las imágenes que Insanity utilizó para su blog.

martes, agosto 22, 2006

Apologías e inundaciones en plena feria

(Tinta fresca)

El cantautor Alfonso Moreno, tras experimentar con las sesiones de su primera maqueta, titulada Dejarme investigar, acaba de autoeditar y publicar su primer álbum: Diario de la inundación. Y la noche del sábado 19 de agosto, en la álgida decadencia de la feria de Málaga, se convirtió en un buen momento para tener una primera toma de contacto.
Promovido una vez más por la cantautera Elendaewen (a quien tuve, por fin, el placer de conocer en persona) y por la invitación inesperada de Mayka, se produjo, cerca de la medianoche, el encuentro en la caseta de la juventud.

Se hizo de esperar, como suele ser habitual, pero un melenudo Alfonso Moreno salió al escenario acompañado con banda, dispuesto a ocupar todo el escenario con un teclado, dos guitarras, un bajo, dos secciones de percusión y el coro de sus colegas cantautores: Elena Bugedo y Jose Antonio Delgado.

Breve y vibrante presentación de alguien que saca su primer disco, 1-2-3 y empieza la música. Alfonso Moreno comienza con determinación, revistiendo con la banda sus canciones de un marcado pop rock. Primero, declaró principios en su Apología de sí mismo; siguieron: 100 minutos, Ruinas de babel, Andrea, La chica del banco, De tú y de mí, sorprendió con una refrescante versión de Mucho mejor de Los Rodríguez y se despidió con Niña chiquita, que era también Mayka, marcándonos al son un par de bailes. El cantautor dio la vida cantando, saltando y palmeando, en total comunión y entrega con su público. Mucho brío y entusiasmo en un concierto que pasó rápidamente y que incitaba a un futuro encuentro, más largo e íntimo. Además, tengo que comprobar si el cantante jienense es capaz de mantener ese frenético vaivén del que hizo gala durante el concierto.
Desde este pequeño estudio, le deseamos mucha suerte en su nuevo disco; pues el mundo de la disusión musical es tortuoso y deprimente para aquellos que cuentan con más ganas que capital. Menos mal que, para los melómanos con conocimiento de causa, la ilusión, el trabajo y el empeño de artistas como Alfonso Moreno se valoran más que aparecer en listas de los 40 y esas cosas.

domingo, agosto 20, 2006

Pintadas

(Desvaríos noctambulares)

Al amigo Don Mendo le sorprendió una pintada del polifacético Takeshi Kitano en una fachada granadina.
Al volver a mi pueblo, después de unos días en Antequera, bajé del tren y, apeado en el andén, quedé también impresionado por el motivo de un graffitero en una casa al lado de la estación. ¿Quién sabe qué es?




Editado dos días más tarde:

El motivo de la pintada es un Kodama, un espíritu del bosque que aparece en la película La princesa Mononoke. Una aportación más de la inconmesurable imaginería de Hayao Miyazaki a la tradición cultural de su país. Los Kodamas, en el film, indican con su presencia el sano estado del bosque, con un peculiar giro de la cabeza que precede a un tintineo vibrante.

sábado, agosto 12, 2006

Paredes exactas

(Desvaríos noctambulares)


Una lluvia mezclada con sudor
en mi habitación
Son dos cuerpos entregados al amor
en mi habitación.

Mis problemas,
mi celda, mi prisión,
mi lucha, mi ilusión, mi perdición.
Una puerta, una cama y un colchón
en mi habitación.

Mil miradas a esas fotos colgadas.
Un collage, mis ilusiones
colocadas con errores.
Mi salvación o mi suerte,
mi vida o mi muerte,
así la veo yo.

Eso es todo lo que encuentro
en mi habitación.

El sol ya ha salido,
Yo caigo rendido
en la nota de mi botón.
Un día más ha pasado
en mi habitación

Mi habitación,
Antonio Flores



Me gusta mi habitación, lo que llamo por esta zona oscura como “el estudio”.

No ocurre a menudo que tenga que pasar una serie de días fuera mi habitación. Por eso, la extraño cuando duermo fuera; es emocionante dormir en otro lugar, pero el sueño no será el mismo. Para acostumbrarme, seguro que necesitaría más de lo que Sabina tardaría en olvidar a una mujer (sí, más de 19 días y 500 noches).

En mi habitación: con las sábanas revueltas, de pie dando vueltas o, como ahora, sentado en el sofá, o vestido, desnudo… esté como esté, de la cabeza se me caen las ideas, los pensamientos y las fantasías, que caen al suelo y se convierten en jirones de polvo. Por muchas veces que barra, todo vuelve a caer y a convertirse en trazos desgastados. Es así como se crea el polvo en mi habitación. Yo soy mi propio duende del polvo. Tiene su encanto. Siempre lo tiene.

La canción de Antonio Flores (me encanta la versión que hace su tocayo Antonio Vega en el disco Escapadas), es un retrato perfecto de lo que me resulta esta habitación. Físicamente crecí en otra, pero mentalmente me he formado en ésta. Mi habitación es como yo soy. Las paredes no son tan blanquecinas como antes. En la oscuridad abro los ojos y sé dónde está cada mueble. Todavía soy tan torpe que me tropiezo, pero eso es una disfunción mía. La presencia fortificadora de mi hermano, los mismos cuadros y pósters, metros cuadrados de celda y otros tantos de ilusión. Qué verdad: mi habitación me ha descubierto en todas mis emociones, sabe cuáles son mis manías y dónde guardo la caja de los objetos secretos. Cómo río, lloro y pienso. Conoce cuáles son mis problemas, mi condición, aguanta mi piano y entiende esa costumbre de querer encontrarte en cada rincón.
Como un collage de ilusiones colocadas con errores. Eso es todo lo que encuentro en mi habitación.


Estos días extrañaré mi habitación, lo sabré porque las paredes dejarán de ser exactas.

Anda, habitación mía, sé buena y déjame tener un sueño conciliador, que mañana ya no estaré aquí.




Buenas noches y hasta luego.

jueves, agosto 10, 2006

Ocurrió

(Relatos bajo el flexo)


Jerry: Precisamente anoche puse el disco, estuve escuchando a Cole Porter y pensé en ti.

Amanda: ¿Estuviste escuchando a Cole Porter y pensaste en mí? Eso no es grave, es terminal.

Todo lo demás, Woody Allen

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Everytime we say goodbye, I die a little

Cole Porter


Estaban los dos en un pub, en un cine, en un parque, paseando por una calle, no sé… el sitio que tocara. Él cada vez más enamorado y más perdido, ella con la misma sonrisa como si no pasara nada.

Conversaciones entre silencios y sonrisas entre muecas.

Otra despedida más, él le dijo que cada vez que se decían adiós, moría un poco. Que lo escuchó de una canción pero que era verdad.
Ella se lo tomó como otra cosa bonita más.


Hasta que, así, poco a poco, un día se acabaron las reservas y murió del todo.

lunes, agosto 07, 2006

Día de feria

(Desvaríos noctambulares / Tinta fresca)

Todo el mundo se preguntaba lo mismo: ¿cómo en un pueblo tan pequeño como Villanueva del Rosario, en una feria tan poco conocida, toca Quique González? La concejalía de cultura del pueblo ha sido la única que ha acercado a Quique a Málaga en su gira “Desajuste de cuentas”, donde repasa su trayectoria musical hasta la fecha con motivo de su último disco Ajuste de cuentas. Un gran acierto, iba a ser el concierto del verano para nosotros. Sí, el concierto del verano, ya que, por desgracia, el programa musical de la feria de Málaga (que empieza este viernes) es pobre y poco (o nada) variado. Repleto de cantantes comerciales prefabricados y, salvo alguna excepción, ninguna alternativa musical diferente de calidad. Por eso, todos querían levantar un monumento a Villanueva del Rosario, y desde este estudio, ahí va esta reprimenda verbal a los encargados del programa musical de la feria malagueña por su oportunista contratación.

Noche del 2 de agosto en Villanueva del Rosario. Pisamos el pueblo y, ante nosotros, se extendía una pequeña plaza repleta y atenta a lo que ocurría en el escenario. Una mujer presentaba a Elsa Ríos, todo el aforo lleno de mayores de 40. La gran pregunta era: ¿aquí toca Quique? Y volaron al aire un montón de hipótesis.

Al rato, vimos un grupito de personas que llevaban una misma camiseta, azul, con un nombre en el bolsillo delantero. Una “T” grande sobresalía del logotipo, nos preguntamos: ¿serán esos los Taxidrivers? (El grupo con el que suele tocar Quique). Pero, eran muchos los tíos con esa camiseta… ¡Vamos a preguntar! (Y supuestamente estábamos sobrios). Nos acercamos a uno de ellos: “¿Sois los Taxidrivers?”, “¿Qué? …no, somos los técnicos”. Decidimos llamarles los tecnidrivers.

La feria de Villanueva del Rosario es, únicamente, una calle, y no había ninguna caseta. Detrás del escenario, con Elsa Ríos entusiasmando a los mayores, vimos un buen número de guitarras (que, obviamente, no iría a utilizar la popular cantante). Custodiaba los instrumentos un tipo de negro y con rastas. "Sí, aquí toca Quique", nos confirmó amablemente.

Elsa Ríos se despidió de su público: “Y ahora estará con vosotros un magnífico cantante… que se llama… Quique”, y la cantante volvió la cabeza en busca de la confirmación que indicara que no se había equivocado. En cuanto bajó de la plataforma, algunas personas se pegaron a las vallas del escenario. Nosotros ahí, en primera fila. Arriba colocaban los instrumentos y probaban el sonido. La presentadora de antes subió al escenario, presentó a Quique, nos caldeó y remarcó las intenciones del alcalde de traernos a un cantautor de renombre: ¡Quique González!

Quique apareció con la Ray Band y comenzó el concierto:


Retumbaron los altavoces: Suave es la noche con Quique, Crece la hierba en Villanueva del Rosario, dejamos Vidas cruzadas, fue algo Personal y nos bañamos en Salitre

Quique bromeó confesando que estaban a punto de perderse viniendo por Antequera, de ahí que cantara Por caminos estrechos; recordamos que somos Kamikazes enamorados y nos noquearon como al Kid Chocolate… Quique, con cubata y cigarro en mano, y nosotros lo echamos todo Por la borda; no llovió pero de repente nos mojamos Bajo la lluvia, y con Polvo en el aire, estuvimos Caminando en círculos… Paramos y subimos a la suite del Hotel Los Ángeles; ¡ay! esos Días que se escapan

Luego Quique a solas con el piano en el Hotel solitarios, alguna inédita... Volvió la Rayband, soñamos con Miss camiseta mojada y Me agarraste, con alguna canción más, hasta que la fiesta terminó. Ya verás que tocan Pequeño rock and roll, ¿ves? Te lo dije.

Quique nos lanzó su voz, a veces tocando acordes en su guitarra, otras agarrando el micro con las dos manos; pero siempre con los ojillos entrecerrados, de modo que a veces creías que te estaba mirando de reojo.

Quique, al ritmo de la Ray Band, animaba al grupo bailando.

No pudo faltar su armónica.

Manos al aire, palmas, el público coreaba, jaleaba: "¡Ese Quique, ese Quique, oé, oé!". Algunos pedían canciones: “¡Conserjes!”, “¡Pájaros!”, "¡Cuando éramos reyes!", "¡73!". Un nota exclamaba religiosamente entre canción y canción: “Ese Quique auténtico”. Y otro que, de repente, pidió desesperado: “¡Se nos iba la vida, por favor!”. En pleno éxtasis, Quique se volvió de espaldas, se empapó de agua por el pelo y tiró la botella al público. Alguien la consiguió y la zarandeó, salpicando con las últimas gotas nuestras espaldas.

Una hora y media de un concierto pequeño pero grande, íntimo, con un Quique entregado y amable, en ocasiones dirigiéndose al público, con pocas palabras, rotundo.


Nos juntamos en las gradas y me ofrecieron unos bocadillitos. Resulta que Susana (mi cuñada) y Paco (un colega), fueron a buscar los servicios de la Casa de cultura y tuvieron que hacerse pasar por amigos de Quique. De tal modo que llegaron hasta su camerino, donde consiguieron algunos refrigerios. Así que comimos algo por cortesía de Quique.

Minutos más tarde, un grupito se había amontonado en las puertas del edificio para pasar y ver a Quique. Como Susana estaba allí con los discos en mano para ser firmados, me atreví a entrar con ella, como si fuese mi guardiana, para superar la timidez de un posible y esperadísimo encuentro personal. Allí esperamos, entre risas y quejas con los dos tecnidrivers que custodiaban las puertas. A mi lado esperaba una simpática chica catalana que se ligó el tecnidriver más joven (no toda la noche iba a ser redonda para mí). Susana increpaba a Nitro, el manager de Quique, que salía y entraba constantemente, porque todavía no nos dejaban pasar. Nitro tenía un enorme pelo a lo afro e interminables patillas (clavadito a Satán, el torpe personaje de Bola de Dragón). Pero el primo de Quique tenía paso primero, y con él la larga fila de amigos del primo de Quique. Más espera, el tecnidriver ligón ya tenía el número de la chica. Toque de Nitro, entramos.

Sin saber muy bien qué estaba haciendo subí las escaleras y ahí a Quique de perfil en la puerta. Abrí los ojos, un extraño gesto de brazos… él me vio, también abriendo los ojos (probablemente sorprendido por la mueca que tenía dibujada). Nos dimos la mano, unas pocas palabras nerviosas, gracias, el autógrafo, muchas gracias, otra vez la mano, gracias, muchas gracias maestro, gracias… (demasiadas efusiones, no recuerdo el orden claro). Quique es bajito y, como ya había comprobado en algunas entrevistas, un artista de pocas palabras. Un tío amabilísimo.

Con los discos ya firmados para mi hermano (qué paciente, Quique, gracias), Susana, que es la chica más salerosa que he conocido, pellizcó la barriga de Quique: “¡Esa barriguilla, canijo!”, y Quique sonreía.

Luego, felicitaciones al teclista y al guitarrista (qué máquinas). Ahí fuera casi no quedaba nadie. Quique salió con el grupo y lo volvimos a saludar. Susana (la única que se atrevía a hablar), le preguntó si le había gustado el pueblo. Quique, sonriendo, decía que no había podido verlo. Se alojaban en Antequera y se iban al día siguiente.

Entonces, Susana se despidió por todos: “Pues nada, canijo, que te vaya todo muy bien”. Quique, muy agradable, se lo agradeció.

Saliendo del pueblo, dio la casualidad de que íbamos detrás de la furgoneta de Quique. Recorridos unos pocos kilómetros, ellos tomaron una dirección y nosotros otra. En el trayecto a casa escuchamos de nuevo las canciones. Esa noche fuimos pequeños rock and rolles.



Dedicado a: Javi, Fran, Moi, Susana, Paco, Inés, Sabrina y Don Mendo (pues estuvo en alma con nosotros).

Fotografías de Inés, Javi y Fran.

jueves, agosto 03, 2006

En el backstage

(Tinta fresca)





Pronto, la crónica del concierto de Quique González en
Villanueva del Rosario.
Gira "Desajuste de cuentas".


martes, agosto 01, 2006

Carteles

(Desvaríos noctambulares)

Pese a que me distancié de la fe eclesiástica (o mejor dicho, casi la olvidé), el párroco y amigo Gerardo me deja pegar un cartel en la iglesia. De hecho, él y otras personas me animaron varias veces a que lo hiciera, que no fuese tonto y que pusiera un cartel para tocar en más bodas. Las otras ocasiones se trataban de ceremonias de pueblerinos conocidos: Oye, tú tocas el piano ¿no? ¿Tocarías para la boda de mi hijo/a, sobrino/a…? Así que pensé que sería una buena idea poner cartelitos, y ahora con más razón, por los problemas laborales.
De modo que empecé a divagar sobre cómo escribir el cartel. ¿Cómo publicitarme? Veamos:

Pianista para bodas. Marcha nupcial de Mendelssohn, marcha nupcial de Wagner, Bach, y más. Tenga una boda musical, como en las películas.
Interesados llamen al siguiente número de contacto: 848484848*. Preguntar por Carlos.

El cartel me parece decente, me cabe justo en la hoja; y eso de una boda musical tiene su gracia. Sin embargo, me parece que le falta fuerza, poder de convicción… Nadie, en ninguna boda, presta atención a la música del pianista, ni aunque fuese el tal Richard Clayderman. Por tanto, esta vez opto por incidir en el sentido religioso del asunto, que al fin y al cabo es lo que buscan, supuestamente, los novios:

¿Se casan? ¿Y no tienen pianista que toque en la inmaculada ceremonia? ¡Adelante! Entre con la Marcha nupcial de Mendelssohn, salga con la de Wagner y durante las hostias algo de Bach y alguna sorpresa más. ¡Si hay algo más divino que la novia, eso es la música! En una boda, Dios bendice mejor con piano. Contraten un pianista, no se divorciarán.
Preguntar por Carlos en el siguiente número de contacto: 696969696*

Me gusta, pero sería ideal si en lugar de tocar en una boda quiero tomar el pelo. Además, corro el riesgo de que el párroco me lo rompa. Nuevos problemas con el espacio. ¡Y que no les importan las obras! Sin embargo, ahora me preocupa otra cosa, la falta primordial por corregir es la siguiente: el cartel suena demasiado pretencioso. Hay que ser sincero:

Pianista frustrado se ofrece para tocar en bodas. Nivel pianístico, medio. A la espera de continuar 4º de Grado Medio, dedos en larga fase de adormilamiento… Pero funcionan bien, con cierta experiencia. Tarifa económica: no muy elevada, no se merece tanto.
Por favor, ruego pregunten por Carlos en el siguiente número de contacto: 010101010*

Ahora cabe en la hoja, pero es demasiado pesimista: ¡tengo que venderme! (Qué mal suena eso). Y con ese cartel no convenzo ni a las suegras. Llegaré a un término medio, pero esta vez presto especial atención al precio, la cosa está mala con el euro y lo que quieren los interesados, ante todo, es saber cuánto les costaría la musiquita. Y, para que no pase el cartel desapercibido, encabezo con una sutil estrategia para captar la atención:


¿QUIERES SEXO?

Vale, pero antes: Estudiante de piano se ofrece para tocar en bodas. Precio total 2000 €: 200 € por traje, 500 € por gastos y molestias de transporte y carga, 100 € por tiempo invertido, 100 € por los buenos modales, 100 € por el malestar y la depresión de presenciar una boda, 1000 € por la interpretación de las obras.
(Si alguno de los asistentes de la ceremonia cumple años se obsequiará gratuitamente con el Cumpleaños feliz).
(El pianista accede a ser invitado a la discoteca -con la novia y demás invitadas- tras finalizar el convite, o a ambas cosas).
Nota importante: al pianista NO se le fotografía.
Pregunten por Carlos en el siguiente número de contacto: 454545454*

(Para lo del sexo llamen también al mismo número).


Nuevo análisis: El cartel pierde la esencia musical, demasiado interés capitalista. Sigue sin caber en la hoja, al cura dudo que le guste la primera y última linea, sobran algunas frases...

Mmm, mmm, mmm…

¡A hacer puñetas! Haré una variación del primero.


*Número de teléfono ficticio para probar el modelo de cartel.
ecoestadistica.com