viernes, junio 15, 2007

Buffalo '85

(Desvaríos noctambulares)

Hay una película preciosa y rara llamada Buffalo ’66. Trata de un tío llamado Billy Brown, acaba de salir de la cárcel y su ambición es demostrar a sus padres que es un hombre de provecho. Para ello no duda en raptar a una chica llamada Layla y obligarla a que interprete el papel de su esposa, todo con intención de impresionar a sus padres con una bonita novia y un trabajo con futuro en el gobierno. Sin embargo, a lo largo del día, Layla va descubriendo que el hijoputa que la ha secuestrado no es más que un pobre imbécil que nunca ha sido querido. Y, con amor y una paciencia impresionante, Layla intentará con su cariño infinito convencerlo de que le gusta y que le quiere. Pero el idiota del que se ha enamorado tiene un plan: llevar a cabo una venganza suicida.

Está claro que Buffalo ’66 es una historia irreal… no hay nadie con una ternura tan grande como para hacer lo que hace Layla. La película de Vincent Gallo instiga en la dolencia de no ser amado de una forma arrebatadora, seca, mística e, incluso, mágica. Layla es ficción pura, es fantástico el hecho de que una mujer esté dispuesta a entregarse por completo al intratable que la obligaba, torpemente pero bajo amenazas, a permanecer junto a él en una farsa.

Aun así, lo que ocurre en Buffalo ’66 no es del todo irreal. No existen Laylas, no, pero sí pequeñas Laylas: muestras de entrega pasional y humana por otros Billy Brown. Sé que esas cosas existen y conozco millones de casos, aunque no recuerde precisamente ninguno. Y he de manifestar aquí, abiertamente y sin censura, que envidio claramente a todos aquellos que, en el momento adecuado, han encontrado a su pequeña y dulce Layla, esa persona que les ha sacado del atolladero en el que estaban metidos.

Nunca ha venido nadie a rescatarme. Por eso, la única y viable solución que queda es sobrellevar la carga por mi cuenta. Y me cuesta demasiado: a la gente le basta dos palos para aprender, pero yo soy un raro espécimen que necesita doscientos.
Soy muy consciente de que he intentado alguna vez hacer el papel de Layla. Pero me equivoqué, creía que tenía alas y no fue así; fracasé en una tarea que nadie me había encomendado.
Quizás por eso me guste Buffalo ’66 y me emocione tanto su historia y sus personajes perdidos, el modo en el que está contada, su música tan acertada y ese Moonchild.

Lo reconozco, os seguiré envidiando, a vosotros y vuestro momento adecuado.


7 Comments:

Blogger Don Mendo dijo...

Ese tipo de personas son una lotería... si te tocan, es lo mejor del mundo. Mientras, tendrás que trabajar para pagar el alquiler, para vivir sin golpes de suerte. En trabajos mal pagados, en días de calor asfixiante, en el alivio de cuatro mintuos de una buena canción. Nadie dijo que la vida fuera fácil.

Nadie te rescata si no pones de tu parte. Como mucho, cuando hayas conseguido salir del atolladero te darás cuenta de cuántas oportunidades has desperdiciado por estar tan hundido.

Y hablando de la película de Vincent Gallo... se le nota un punto desesperadamente personal, que supongo que es lo que aporta la rareza y la calidad. Ha hecho la película que tenía que hacer sin pensar en nada más, sólo en su sinceridad y en su honestidad. Creo que es una historia preciosa, pero como dices, es una utopía. Hay que verla como tal, y alabarla desde esa perspectiva de ensoñación, de oda a lo imposible.

2:22 a. m.  
Blogger ma´heona´e dijo...

Como dice Don Mendo, nadie dijo que la vida fuese fácil. De hecho cada día me parece más y más complicada, pero no quiero dejar de pensar que puede ser más sencilla si nosotros intentamos que lo sea.

Las Laylas a veces aparecen... Supongo. Pero creo que lo normal es que tengas que poner de tu parte. Unas veces más y otras menos, pero siempre necesitarás tener fuerza y echar el resto para que las cosas funcionen.

Un besito cantautor... Y no me gusta nada tu gris. Espero que la próxima vez que hablemos se hayan ido las nubes.

8:52 p. m.  
Anonymous aiyana dijo...

Es imposible rescatar a alguien que no quiere ser rescatado. Creo o eso dicen, de todos modos me apunto la película.

10:09 a. m.  
Blogger terminus dijo...

Carlitos majo. Ven "pa'ca" que yo te doy los 198 palos que te faltan.

¡Que noooooooooo! Que quería decir 198 birritas que sientan mejor y ponen más claras las ideas, jejeje.

Chico a parte de estos chistes facilones y sin gracia no se me ocurre que decirte.

Pero una cosa si puedo decir... ¡¡¡ SAL !!! o me obligarás a bajar y sacarte yo.

Tampoco yo he encontrado a mi "Layla" pero oye, al estar fuera siempre me puedo tropezar con alguien al doblar una esquina.

Un abrazo majo, nos vemos pronto (Sí, es una amenaza jejeje)

Edu

12:51 p. m.  
Blogger Carlos (sr. Chow) dijo...

¡Hola a todos!

Gracias por vuestros comentarios: Aiyana, Ma´heona´e; a Don Mendo y Terminus, me alegra veros por aquí de nuevo, en forma de comentarios.

Pero, por favor, ¡mis palabras no eran tan negras! Jeje, reconozco que el post es bastante desnudo, pero sólo es una muestra de algunos sentimientos que afloran de vez en cuando, preocupaciones en un fondo submarino...

Sólo eso, voy a SALIR, ahora. Jeje.

Un saludo a todos.

5:08 p. m.  
Blogger Carlos (sr. Chow) dijo...

No lo dije:

El inestable Billy Brown lo interpreta el propio Vincent Gallo.
Y Layla es una Christina Ricci en estado de gracia.

Menudo dúo...

1:49 p. m.  
Blogger Elena dijo...

Layla encontró en Billy una gran atracción desde el primer momento. El propósito que tenía Billy con sus padres es de lo más entrañable y más cuando se les llega a conocer, tan indiferentes a la sensibilidad de su hijo. Billy, por sus historias ha ido odiando el mundo pero Layla, que es el despertar del sentimiento que se cree muerto y enterrado o incluso inexistente en nuestra naturaleza, abre algo que pocos en este mundo pueden conseguir de una forma recíproca. Ellos se han gustado desde el primer momento en que se han visto, lo del secuestro, los gritos, la agresividad sólo es una excusa, es un sinónimo de la rabia, la infelicidad, del dolor de un pasado, de los traumas: la depresión. Esto ella lo ha sabido todo el tiempo desde que escucha la conversación que tiene Billy con su madre por teléfono.
Es una de mis películas favoritas, he visto algunas del mismo estilo, con ese frío desencanto pero esta me ha afectado muy dulcemente. Y Laylas hay muchas, como muchos Billys. Es el azar al que forzamos demasiado... el azar no necesita pretextos para caer como queramos, al final acabamos siendo unas maleas andantes y disonantes siendo un Billy o una Layla cuando no toca. No se debería de estar con alguien que no amamos.

No creo que cantautor estuviera tan gris, sólo que escribió (por el año 2007 ya jaja) al público pensamientos y preocupaciones que muchos tienen y que a veces nadie se atreve a admitir.

1:54 a. m.  

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