miércoles, mayo 09, 2007

El Chaikovsky

(Desvaríos noctambulares)

Hay días en que mi destartalado piano se me queja por tocarlo. La culpa es mía, dejo que calle demasiado y él no puede sonar solo. Así que se estropea. La relación de un instrumentista con su instrumento se constituye de una dependencia total, casi como una relación de pareja. Y si no hay trato y devoción, se rompe. No me extraña que mi piano farfulle por abandonarlo, antes de eso el pobre ya sufrió una dura mudanza bajo la lluvia y vivió una temporada apoyado en una pared húmeda. Aquello fue para él como un tumor.

Suelo tener las manos frías. Algo de la circulación… no recuerdo más de lo que dijo el médico, no le prestó ninguna atención porque no era nada grave, una estúpida anomalía. Pero el invierno es la peor época, ya que las manos se entumecen y están, literalmente, heladas. En un primer momento era peor: tenía que aplicarme dos tipos de gel porque mis manos se volvían moradas, se agrietaban y a veces salía algún punto de sangre. Por aquel entonces, me gustaba convencerme a mí mismo que eso que ocurría era algo totalmente normal, ¡porque mis manos eran manos de pianista! Y con razón, muy delicadas.

Las manos mejoraron con los años, ya sólo se amoratan y se enfrían. Varias personas han comprobado lo frías que pueden llegar a estar: en el coro, un compañero tenor me suele dar la mano sonriendo amablemente cada vez que llego al ensayo, y cuando le acerco la mía y me la sostiene nunca falla su respuesta: “¡Joder! ¡Qué frías las manos! ¡Siempre las tienes así!”. Y en alguna ocasión, el cuerpo de una mujer se ha quejado cuando ha sentido esos diez dedos que tengo como estalactitas. Por suerte, en verano, recuperan una temperatura normal, pero es entonces cuando me parece raro, me había acostumbrado.

“Claro, son manos delicadas, son manos de pianista”. Ahora me río tristemente de mi ingenuidad. Me he distanciado tanto tiempo del piano... Y eso es malo, muy malo: porque antes miraba mis manos y me las sentía como las de un estudiante de piano mediocre, mediocre pero estudiante. Eso era algo, había identidad. Ahora ni eso, cuando veo mis manos ya no me siento pianista, esa papel parece haberse quedado atrás, muy atrás en el tiempo.

A pesar de ese tiempo, hay algunos días en los que mi piano parece que tiene la compasión de hacerme creer que no hemos perdido tanto, que aún podemos recuperar el tiempo perdido. Ya tengo claro qué es lo que voy a hacer a partir de ahora, se acabó el traicionarse, es hora de retomar el baile, aunque sea lento y torpe. El problema es que mi Chaikovsky (ese es el modelo del piano y su nombre) no está en condiciones de soportar el baile: el contrapesado de las teclas no tiene resistencia, la madera chirría cuando se pulsa el pedal derecho y hasta mis dedos, posiblemente, ya son demasiado fríos para su estado material.
Me dicen que lo venda, pero nadie lo querría, ni siquiera sacaría mucho por él. Quizás podría servirle a un estudiante en sus primeros años, y ni eso. Además, no quiero venderlo. Sé que tengo que traicionarlo y dejarlo atrás, pero lo mejor es que siga quedándose en casa.


8 Comments:

Blogger Don Mendo dijo...

Pues consérvalo. Será el recuerdo de tus primeros acordes, de tus años de sequía, del descubrimiento de que sólo hay un error que no tiene solución, de tu búsqueda del tiempo perdido.

11:43 p. m.  
Blogger illeR dijo...

Conservato, estoy de acuerdo.

Por cierto que mi padre se compro la semana pasada un piano, aun se lo tiene que afinar, pero esta nuevecito y sin bautizar, me pregunto como acabara....

"como vuelan las manos,
de tu cuerpo al piano,
con ese mismo invierno
que hiela las canciones...
cuando la tarde cae
derrumbada a los pies de la ciudad,
dame permiso para aterrizar..."

Gracias por el comentario ;)

8:12 p. m.  
Blogger Morrigan dijo...

Mi abuela, que era muy sabia, decía que "las manos frias son el espejo de un corazón ardiente"... Yo las heredé de ella y en parte tenía razón, era un corazón que se entregaba sin esperar nada a cambio, como las grandes pasiones...

No abandones tu piano, siempre te puede traer buenos recuerdos.
Cuidate!!

4:24 p. m.  
Anonymous javier gall dijo...

tu piano es como esas malas pasiones que a veces tenemos que dejar atrás para poder seguir viviendo. sin embargo, si lo abandonases sería como si de pronto, todo lo que has hecho junto a él desapareciera. recuerda todo lo que habéis compartido juntos...

7:44 p. m.  
Anonymous elendaewen dijo...

Para el nuevo piso, que hagan una colecta =)
Saludos.

11:12 a. m.  
Anonymous aiyana dijo...

Tal y como los has contado seguro que lo conservas.

9:56 a. m.  
Blogger ma´heona´e dijo...

¿Por qué dejarlo atrás cantautor? Puedes quedarte a su lado. Por tus palabras se nota que es lo que deseas...

Un beso

10:49 p. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Ni se le ocurra vender ese piano, Sr.Chow.La mùsica no puede callar lo que solo ella puede decir.
Su abrazo reservado ;)

Me alegra volver a visitar a mis amigos.
In (Sanity)

9:53 p. m.  

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